El Dane, que ha sido cuestionado por su pérdida de autonomía, cuando cede al Gobierno el pro nunciamiento sobre cifras que le convienen, se pronunció recientemente sobre las últimas cifras de pobreza y distribución que conciernen al 2014. Era de esperar cifras que revelan la reducción de la pobreza, pero que en muy poco cambia el coefi ciente para la distribución del ingreso Gini, que el mismo Dane dice consolidarse en el 0,54. Nos muestran como extraordinaria una caída de 2 puntos de la pobre za, que según destacados analistas económicos independientes, ello equivaldría a un aumento del ingreso del 7% de los ciudadanos clasifi cados en estratos muy bajos. La verdad aflora de bulto, cuando la cifra anterior queda muy por encima de los índices aplicados a los salarios reales, que incluyen el del salario mínimo y resulta estar por debajo de la mitad de lo que se sugiere, como incremento adquirido per cápita. Lo anterior demuestra que nuevamente el Dane incurre en metodologías de cálculo que sobreestiman descaradamente la realidad de ingresos en relación al crecimiento del Producto Interno Bruto. Muestra el Dane que la pobreza cayó de forma superior con la metodología que aplicó en relación a las anteriores, puesto que de haberse mantenido, la baja en pobreza hubiese sido solo de un punto porcentual. El mismo Banco Interamericano de Desarrollo en su reciente Asamblea deja entrever como balance social que las cifras relacionadas con los países en desa rrollo como Colombia, en materia de pobreza no cambian sustantiva mente en la última década. El Dane baja la pobreza a punta de cambios metodológicos, fundamentándose en el crecimiento económico que por estar ligado desde nuestro punto de vista al asistencialismo, y al control de la inflación siempre continúan bajando los ingresos de los pobres y por eso el coeficiente de Gini (Indicador de desigualdad) nos mantiene entre los más bajos de América Latina y del mundo. Irónicamente, mientras Colombia mantiene un índice de crecimiento de los primeros lugares en América Latina, a la vez exhibe desigualdades muy por encima de países con crecimiento similar y el Gobierno y empresarios se hacen los ciegos frente a esta realidad y menos aceptan que el único responsable es el modelo económico que está hecho para mantener el divorcio entre equidad y crecimiento, porque ello facilita una mayor acumulación de la riqueza en una ínfima minoría de colombianos, excluyendo por esa vía el 40% de pobres colombianos que según la FAO continúan en la tendencia de pobreza absoluta.